Todos los sábados, los jóvenes afiliados a las HJ están «de servicio». Los no afiliados tienen que ir a la escuela, donde les inculcan las ideas de los nazis. Según ellos, lo más importante que deben aprender los jóvenes alemanes es el odio hacia los judíos. En 1939 se impone la afiliación obligatoria a las HJ para todos los jóvenes alemanes. Se conocen historias de jóvenes alemanes que creen tan fanáticamente en Hitler, que llegan a denunciar ante la policía a sus maestros, profesores e incluso a sus padres si éstos dicen o hacen algo prohibido por los nazis.